Los meses transcurridos desde marzo de 2020 han trastornado casi todo nuestro entorno familiar, comunal, nacional y mundial. Pero hay algo que ni siquiera el #COVID19 ha sido capaz de alterar en lo más mínimo: el incurable #elitismo del actual régimen, expresado en frases y actitudes propias de los empolvados cortesanos franceses del siglo 18.
Tan ensimismados viven los de la #burbuja presidencial, que en #Zapote parecen genuinamente «sorprendidos» cada vez que descubren que hay gente que necesita trabajar para comer.
Recordamos que a mediados de febrero (es decir, en la lejana y casi prehistórica época «anteCOVID»), al aparecer datos nada alentadores sobre el desempleo (que ya era récord), vimos a #CarlosAlvarado enojado por lo que se daba a conocer, y a la Ministra de Trabajo, dulcemente insensible, diciendo que el desempleo era culpa de los desempleados y mandándonos a «comer pasteles», a la manera de la frase que nunca dijo la reina #MaríaAntonieta de #Francia. En aquel momento, desde esta misma página señalábamos que la actitud despectiva hacia el sustento diario de 300 mil de nuestros hermanos costarricenses delataba un mal mucho más profundo… y ya señalábamos las similitudes con el reino de #LuisXVI, que se desmoronaba sin que él se diera cuenta siquiera.
Después vino la pandemia. Y con ella, el renovado despliegue de «heroísmo cinematográfico», con pósters, tacitas y piñatas incluidas. Y el espectáculo cotidiano, las medidas drásticas, el «tanteo y error», el «martillo sin baile»… Fútiles intentos de ocultar una realidad: el #coronavirus nos tomó, como #República, en el peor momento posible. Vino a ser un torpedo en el costado de un barco que ya de por sí estaba hundiéndose. Pero aún así, cuando apareció el dato del 16% de desempleo, el señor Alvarado se dejó decir que era de celebrar que no fuera peor. Sólo le faltó descorchar la champaña y hacer un brindis. Ya hubieran querido acompañarlo los 450 mil compatriotas que, sin trabajo hasta entonces, veían también más inútil buscar cuando los negocios y empresas eran forzados a cerrar en masa.
¿Y ahora? Después de anunciar próximos anuncios sobre «reactivación económica», cada vez más quiméricos conforme arrecian los infructuosos «martillazos», y se empiezan a amotinar las autoridades locales (que sí conocen de primera mano lo que ocurre en sus comunidades) ante el elitismo centralista del Poder Ejecutivo, el último dato eleva la cifra de desempleados al 20,1% de la fuerza laboral (sin contar a casi otro tanto, un 17%, a los que han disminuido ingresos y jornadas). Hablamos ya de 600 mil ciudadanos que no pueden ganarse su pan, y de otro medio millón que no consigue ganárselo completo. Todo esto sucede mientras los impuestos aprobados de previo forman un efecto «cascada» sobre los ya maltratados sectores populares, y mientras envían al #Congreso un #presupuesto que, pese a ir más maquillado que los balances de #BettyLaFea, fue desnudado por la asesoría legislativa y la #Contraloría, que proyectaron un déficit de un 11,2% del PIB para el final de este año. Con semejantes números, ya ni siquiera el régimen de los #Tinoco le puede disputar la medalla de oro en materia de resultados catastróficos.
¿Cómo reaccionó Zapote? El Mandatario, enviándoles una plástica «solidaridad» al comentar el dato. Y la Ministra de Trabajo, en una cruel variación sobre el tema de febrero, ya no nos mandó a «comer pasteles», sino a «coger café». Dado que faltan varios meses para la cosecha, que no tenemos ni idea de qué van a vivir nuestros compatriotas en el interin, y que no hay trazas de que el Gobierno nos quiera dejar salir siquiera a las zonas donde hay plantaciones (que ya no son tan céntricas como hace 35 años), esta ocurrencia es más grosera por su trasfondo que por su contenido superficial: los cortesanos del Gabinete no tienen ni idea del país en que viven. Su mentalidad es tan propia del «condominio urbano» que apenas conocen de oídas el agro, o alguien les contó que aquí se cultivaba café desde el siglo 19.
Ese despiadado desconocimiento se refleja incluso en la forma de manejar las alertas amarillas y naranjas, sin acordarse de que existen desde hace años los #ComitésLocalesDeEmergencia, que podrían ser activados y brindar la información sobre el terreno para que a nivel nacional se tomen decisiones. Pero en #Versalles y en las #Tullerías no hay quien siquiera sepa cómo funciona #LaFortuna de #SanCarlos, cómo se pasa de #Pavón a #RíoClaro de #Golfito, de qué viven #Jacó y #Tárcoles de #Garabito, o por qué es famoso el café de #Tarrazú o el queso #Turrialba.
Nuestras palabras de febrero, lamentablemente, tienen hoy más vigencia que antes. «Quisiéramos que el Mandatario (y su empolvada corte) tuviese la voluntad y la capacidad de hacer algo mejor. Desearíamos que, en vez de malgastar su tiempo realizando sus fantasías de ‘progre’, haciéndose autobombo como ‘superhéroe planetario’ y premiando con puestos y viajes a toda su pacotilla, le hubiese entrado en serio a una reorganización del aparato público (…) sentándose al fin a forjar una agenda nacional bajo el principio del bienestar general (no exclusivamente el de su élite pseudointelectual urbana)». Tal vez es mucho pedir, incluso para los que nos negamos a dejar de ser optimistas. Es evidente que el COVID-19 terminó de desarticular la poca coherencia que pudiera quedarle al Gabiente del señor Alvarado, aunque quizá quede por ahí alguien dispuesto a escuchar las miles de propuestas sensatas que hemos ofrecido ciudadanos de toda clase. Pero tal vez no haga daño salirse un poco de esa burbuja y percatarse de que nuestra Costa Rica es mucho más de las 40 cuadras que se logran ver desde la Corte de Zapote… y que hay millares en busca de una respuesta menos callosa y más práctica.

Fuente: Robert F. BEERS

