EL GOBIERNO Y LA FUERZA POLICIACA LE JALA EL RABO A LA TERNERA

EL GOBIERNO Y LA FUERZA POLICIACA LE JALA EL RABO A LA TERNERA

G. Navas

Con honestidad creo que este pueblo no va a aguantar mucho y tendremos que lanzarnos a la calle, con mascarilla quirúrgica, careta plástica, gel de alcohol y distancia de 2 metros. La gente de turismo pega el grito al cielo porque se pretende obligar al visitante extranjero para simular una medio apertura económica a pagar una póliza carísima en favor del monopolio de Instituto Nacional de Seguros. Todo ello a pesar de que la Unión Europea no nos tiene en la lista de países a visitar. Eso sí, abrimos de nuevo la frontera del norte con el riesgo sanitario que ello significa aunque Nicaragua y Panamá cierran filas.

Pero más grave aún es la afrenta a un pueblo que lo único que le queda es su fe y su confianza en un Dios misericordioso. Yo no pretendo defender a la Negrita. Ella no necesita de mi ayuda ni apoyo. Pero sí defiendo la libertad de tránsito y la libertad de conciencia de un pueblo oprimido al que le quieren arrebatar la institucionalidad del país y las garantías esenciales relativas a la libertad de conciencia y de culto.

Multar a un romero o a su familia que camina como burbuja protegida hacia Cartago no es lícito. Lo que se nos muestra ahora es un estado policiaco muy distinto a la finalidad de velar por la salud por parte del gobierno. Ya sabemos que hay pandemia. Ya sabemos que hay muchos enfermos pero no sabemos como se manejan las cifras. Incluso, le gestionamos al Ministro de Salud la respuesta a una serie de preguntas y hoy nos responde que no tiene las cifras a mano cuando son esos datos los que usan para cerrar comercios pequeños, mantenernos aislados y debilitados.

No criticamos por criticar ni escribimos porque nos gusta entretenernos en las redes sociales. Nada de eso. Lo hacemos porque esta es una nación de valientes, de tradiciones democráticas y un pueblo de creyentes independientemente de la religión que profesa. Tenemos que exigir respeto y resguardar lo poco que nos queda en medio de tanto sufrimiento con manejo gubernamental que siembra temor y aprovecha el favor de los medios noticiosos para anunciar promesas de proyectos de ley y planes que debieron haber previsto desde meses atrás. El caos nos envuelve y podemos echarle la culpa a la enfermedad. Pero ello no nos salva de la visión de una realidad preocupante a causa de una dirección del poder estatal hacia la restricción de nuestras libertades fundamentales.

No llamo a una revolución o levantamiento en armas, pero sí a la protesta ciudadana ordenada, organizada y respetuosa. No queremos el oprobio, ni la esclavitud ni el desmembramiento de nuestras instituciones sagradas.

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